Trabajos de inteligencia tienen en la mira a un grupo radical ligado al Comité Estudiantil de la Normal Rural «Raúl Isidro Burgos» de Ayotzinapa, al que se le atribuye haber coordinado la producción y el envío de numerosos explosivos caseros hacia la Ciudad de México, en el marco de las protestas registradas esta semana.
El hallazgo más concreto ocurrió el 8 de junio en la caseta de Tlalpan, donde elementos de seguridad interceptaron un autobús de Guerrero con 59 artefactos a bordo. Las estimaciones oficiales, no obstante, sugieren que la célula pudo haber movilizado cerca de mil dispositivos en total, fabricados con tubos de PVC, pólvora con sellado de parafina y mecanismo de fricción para activación diferida, con potencial de causar heridos, incendios y destrucción material.
El hilo de la investigación conduce a Jesús García Estrada, «El Coquillo», líder del Comité de Lucha, a quien los reportes de inteligencia ubican como el cerebro detrás de la organización y distribución de los artefactos.
Su perfil delictivo incluye retención de vehículos y robo de combustible y mercancías, mientras que su estilo de vida —exhibido en redes sociales con relojes de lujo— ha encendido las alertas de las autoridades sobre el financiamiento de sus actividades.
La investigación trasciende el ámbito estudiantil. Juan Miguel Hernández Carbajal, «El Padrino», aparece como figura de influencia sobre los grupos radicales de Ayotzinapa y fundador de «Los otros desaparecidos», organización nacida de una disputa por los recursos generados en bloqueos carreteros.
Las autoridades exploran además una posible red de apoyo político y financiero que involucraría al senador priista Manuel Añorve Baños y estructuras del PRI en Guerrero. La FGR avanza en la integración de carpetas de investigación para deslindar responsabilidades penales en toda la cadena: fabricación, traslado y financiamiento de los explosivos.




