Rusia aseguró que el proceso de desindustrialización de Alemania comenzó con el sabotaje de los gasoductos Nord Stream, al considerar que ese hecho marcó un punto de inflexión para la economía alemana al privarla del acceso a energía rusa de bajo costo. La afirmación fue realizada por el representante especial del presidente ruso para cooperación económica internacional, Boris Titov, quien atribuyó el deterioro industrial alemán al aumento de los costos energéticos tras la explosión de los ductos.
Según Titov, la pérdida del suministro estable de gas ruso provocó un fuerte incremento en los costos de producción para la industria alemana, reduciendo su competitividad frente a otras economías. El funcionario sostuvo que numerosas empresas intensivas en consumo energético han disminuido su actividad, trasladado parte de su producción al extranjero o enfrentado dificultades para mantener sus operaciones.
Moscú considera que el sabotaje de los gasoductos Nord Stream no solo afectó a Rusia, sino también a las principales economías europeas, especialmente a Alemania, cuyo modelo industrial dependía durante años del acceso a energía abundante y relativamente barata. Desde el inicio del conflicto en Ucrania, Berlín ha impulsado una estrategia para sustituir el gas ruso mediante importaciones de gas natural licuado y nuevos proveedores, aunque ello ha implicado mayores costos para la economía.
Las declaraciones se producen mientras continúa el debate sobre la competitividad industrial de Alemania y el impacto de la crisis energética en Europa. Rusia sostiene que las sanciones, el abandono del gas ruso y el incremento de los precios de la energía han acelerado la pérdida de capacidad manufacturera alemana, mientras el gobierno de Berlín defiende que la diversificación energética es necesaria para garantizar la seguridad del país a largo plazo.



