La ministra británica de Finanzas, Rachel Reeves, denunció la “locura” de Estados Unidos al involucrarse en una guerra contra Irán sin un plan de salida claro ni objetivos definidos. En entrevista al Daily Mirror, expresó “frustración e ira” por la falta de visión estratégica de Washington.
Reeves reconoció que “ninguna persona sensata apoya al régimen iraní”, pero advirtió que iniciar un conflicto sin saber cómo terminarlo afecta gravemente a las familias en Reino Unido, Estados Unidos y el resto del mundo, especialmente por el impacto en los precios de la energía y el bloqueo en el estrecho de Ormuz.
La declaración evidencia una creciente distancia entre Londres y Washington en el manejo de la crisis en Oriente Medio. Aunque el Reino Unido rechaza al gobierno de Teherán, critica los riesgos económicos y humanitarios de una guerra prolongada sin estrategia.
Analistas internacionales interpretan las palabras de Reeves como una señal de preocupación entre aliados tradicionales ante la posible desestabilización de los mercados energéticos globales.


