Los votantes del Partido Demócrata de Estados Unidos se plantan este martes ante las urnas como quien llega a una cena de Navidad sabiendo que va a haber gritos por el pavo. En varios estados miden fuerzas otra vez la facción centrista, esa que viene con el aparato del partido bajo el brazo, y el ala izquierdista, que llega con carteles, eslóganes y ganas de prenderle fuego al sofá. Con las elecciones de medio mandato de noviembre oliendo ya a batalla campal, este rifirrafe interno servirá para decidir cómo piensan plantarle cara al presidente republicano Donald Trump sin terminar tirándose los platos entre ellos.
Los duelos más jugosos están en Minesota y Wisconsin, dos escenarios donde el drama demócrata se sirve con guarnición de encuestas y monólogos moralizantes. En Minesota, estado de seis millones de almas y tradición demócrata de manual, dos aspirantes muy distintas se disputan el trono que deja libre la senadora Tina Smith. De un lado, la vicegobernadora progresista Peggy Flanagan, de 46 años, apadrinada por Smith y por los santones de la izquierda Bernie Sanders y Elizabeth Warren. Del otro, la congresista moderada Angie Craig, de 54, que llega con el visto bueno de los jefes del partido, entre ellos Hakeem Jeffries. Minesota ya fue a principios de año el teatro de las protestas contra las políticas antimigratorias de Trump, sobre todo tras la muerte en Mineápolis de los manifestantes Renee Good y Alex Pretti a manos de agentes federales. Las encuestas, tan útiles como un paraguas en un tornado, no marcan favorita clara. La ganadora se medirá en noviembre a la republicana Michele Tafoya, experiodista deportiva que ahora quiere pasar del marcador al Senado.
En el vecino Wisconsin, los demócratas eligen candidato a gobernador. Francesca Hong, legisladora estatal de 37 años e hija de inmigrantes surcoreanos, encarna a la izquierda y va delante en los sondeos con cara de quien ya se ve en el cartel. Frente a ella, David Crowley, afroestadounidense de 40 años y jefe ejecutivo del condado de Milwaukee, la opción moderada que intenta no asustar a nadie. Sanders y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, estrella rutilante del progresismo, han preferido mirar hacia otro lado como quien finge no oír la pelea en el salón. Los republicanos, mientras tanto, se frotan las manos creyendo que una victoria de Hong les pondría la gobernación de este estado bisagra en bandeja de plata.
Y por si el circo necesitaba otra pista, Carolina del Sur celebra una primaria republicana para el Senado tras la muerte de Lindsey Graham. Darline Graham, hermana del senador y actual ocupante del cargo, parte como favorita gracias al espaldarazo de Trump, aunque podría verse obligada a una segunda vuelta a finales de agosto. En resumen: mientras unos se pelean por el control remoto de la izquierda y el centro, otros ya están repartiendo sillas en el bando contrario. La política estadounidense, esa telenovela donde hasta el café se sirve con trama secundaria.




