Tranquilos, vecinos del bloque: un funcionario de la OTAN salió este domingo a calmar las aguas y aseguró que, por ahora, no ve ninguna amenaza inminente de que Rusia se lance a morderle el tobillo a alguno de sus miembros. O sea, el oso sigue gruñendo del otro lado de la cerca, pero todavía no ha saltado con los colmillos afilados listos para el asado.
Claro que la vigilancia está a tope, porque Moscú, a pesar de que Ucrania le está dando una pelea de las que dejan moretón y orgullo herido, anda intensificando los misiles por allá y, de yapa, las famosas acciones híbridas en Europa. Esas que no son tan clásicas como un tanque en la puerta, sino más bien del estilo “te apago la luz, te suelto un dron molesto y te dejo pensando si fue el vecino o un fantasma con pasaporte ruso”.
El tipo de la alianza lo dejó clarito: estamos alertas ante el menú completo de amenazas, pero de ofensiva inmediata, nada de nada. Y de paso recordó que siguen bancando a Kiev como quien no suelta la soga en un tira y afloja de patio, mientras cuidan la seguridad de sus mil millones de ciudadanos. Casi se oye el “dormí tranquilo, que papa OTAN está despierto” de fondo.
Todo esto cae justo después de que el primer ministro polaco, Donald Tusk, soltara el sábado que su país y el resto de la peña mejor se preparen para cualquier guion que se le ocurra a Rusia, porque una provocación no se puede descartar ni con lupa. Como cuando el cuñado dice “tranqui, no va a pasar nada” y al rato aparece con la guitarra desafinada a las tres de la mañana.
La preocupación agarra más color con la visita que pegó el martes a Rusia el director de la CIA, John Ratcliffe. Según un par de fuentes que le contaron el chisme a Reuters, el hombre aprovechó para plantearles a los de inteligencia moscovita eso de una posible opereta contra algún socio de la OTAN. No se sabe si era el plato principal del viaje o solo el café de cortesía, pero la semillita de duda ya quedó plantada.
En Alemania, el canciller Friedrich Merz avisó que pronto van a señalar con el dedo a quién le echan la culpa del intentito de ataque con drones contra el aeropuerto de Leipzig/Halle de este mes. Rusia, como siempre, niega con la cara de “yo no fui, fue el gato” y califica de alarmistas todas las acusaciones occidentales. Clásico: mientras unos ven sombras con acento, el otro jura que solo estaba paseando al perro.
Al final, la OTAN sigue en modo “ojito con lo híbrido”, Ucrania resiste, Polonia afina el radar y el mapa europeo se mantiene en esa tensión de telenovela donde nadie tira la primera piedra… todavía. Los drones vuelan, las negaciones llueven y los funcionarios hablan con esa calma de quien barre la vereda mientras mira de reojo si el vecino anda con la manguera a presión. Europa, esa casa grande donde siempre hay alguien moviendo los muebles sin avisar.





