Japón flirtea con las bombas nucleares como quien esconde el tequila de la suegra

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A ver si lo pillamos: el país que sufrió en sus carnes las únicas dos bombas atómicas de la historia llevaba 81 años repitiendo como un mantra de abuela severa eso de “ni las tengo, ni las fabrico, ni las dejo pasar por la puerta”. Los tres principios no nucleares eran más sagrados que el mole de la abuela en Navidad. Pues va y ahora, de repente, en el propio gobierno empiezan a mirarse de reojo y a soltar eso de “¿y si lo hablamos sin tapujos?”. Como cuando en la comida familiar alguien menciona la herencia y se hace el silencio más incómodo del universo.

La primera ministra Sanae Takaichi, en pleno homenaje a Hiroshima, se puso más evasiva que político pillado con la mano en la caja. Ni confirmó ni negó. Su ministro de Defensa pidió una conversación “sin tabúes”, que es la versión educada de “vamos a sacar los trapos sucios que nadie quería oler”. Y un funcionario de esos que hablan en reuniones cerradas con periodistas soltó la joya: Japón debería tener armas nucleares. Dicho así, en plan “pásame la sal y, ya de paso, una ojiva”.

Los sobrevivientes, que ya tienen una edad media de 86 años y quedan menos que entradas baratas para un clásico, están que trinan. Satoshi Tanaka, 82 años y memoria de elefante irradiado, lo dejó clarito: “No puedo evitar pensar que de verdad quieren cambiarlo”. Y añadió la pregunta del millón que nadie en el despacho quiere oír: “Se habla de seguridad nacional. ¿Qué hay de construir la paz mediante la diplomacia?”. Básicamente les dijo lo mismo que le gritas al cuñado cuando se pone a hablar de política después del tercer tequila.

Todo esto ocurre mientras el gobierno sube el gasto militar, permite exportar armas y le hace ojitos a reformar la Constitución. China, como buena vecina entrometida, ya los acusa de “nuevo militarismo”, que es el equivalente diplomático a gritarles “¡os estáis pasando de listos!” por encima de la valla. El meollo del debate está en el tercer principio: no permitir la entrada de armas nucleares. Algunos socios del gobierno proponen dejar intactos el “no poseer” y el “no fabricar”, pero abrir la puerta trasera para que Estados Unidos meta lo que haga falta. Como decir “yo no fumo, pero te dejo encender el puro en mi salón”.

Takaichi solo soltó que “actualmente” respetan los tres principios. Actualmente. La palabra más sospechosa del diccionario. Tanaka, que ya no está para sutilezas, lo olió al instante: “Eso solo explica el presente. No dice nada del futuro”. Y se quedó más preocupado que padre de adolescente el día que descubre la factura del teléfono.

Mientras los hibakusha se van apagando como velas al final de una fiesta, Japón se asoma al abismo nuclear con cara de “solo voy a mirar un poquito”. Los fantasmas de 1945 deben estar en las gradas pensando: “¿Todo el rollo del pacifismo era solo hasta que China sacara más barcos?”. El debate sigue abierto, las bombas siguen siendo un tema tabú… o al menos lo eran hasta que alguien decidió que los tabúes son para los débiles. Y así es como el país de la paz perpetua empieza a preguntarse si no convendrá tener un plan B un poquito más… explosivo.

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