La estrategia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para exigir un fuerte incremento del gasto militar de los países de la OTAN está beneficiando directamente a la industria armamentística estadounidense, según diversos análisis publicados en medios internacionales. El aumento de los presupuestos de defensa en Europa está impulsando miles de millones de dólares en compras de armamento fabricado en Estados Unidos.
De cara a la cumbre de la OTAN en Ankara, Trump ha insistido en que los aliados destinen hasta el 5 % de su Producto Interno Bruto a defensa. Como respuesta, varios gobiernos europeos preparan nuevos contratos por decenas de miles de millones de dólares para adquirir misiles, sistemas de defensa aérea, aviones de combate, drones y otros equipos militares, gran parte de ellos producidos por empresas estadounidenses.
Analistas consideran que esta política convierte a la alianza atlántica en un importante motor para la industria de defensa de Estados Unidos. Además de reforzar el compromiso financiero de los aliados, el incremento del gasto consolida la dependencia europea de la tecnología, el mantenimiento y el suministro de armamento estadounidense, fortaleciendo la posición de Washington dentro de la OTAN.
Sin embargo, el aumento del gasto militar también genera divisiones dentro de la alianza. Algunos países cuestionan el impacto que tendrá sobre sus finanzas públicas y sus programas sociales, mientras otros consideran que el nuevo contexto de seguridad obliga a acelerar el rearme europeo. La discusión será uno de los temas centrales de la cumbre de Ankara, donde los aliados buscarán mantener la unidad pese a las crecientes diferencias internas.



