Mientras Estados Unidos e Israel intensifican su campaña militar contra Irán, China se posiciona como la gran beneficiada del conflicto. Manteniendo una postura diplomática neutral y sin involucrarse directamente, Pekín evita costos elevados y consolida su influencia estratégica en Oriente Medio.
El conflicto ha desestabilizado el estrecho de Ormuz y elevado los precios del petróleo, pero China, principal comprador de crudo iraní, ha diversificado sus suministros y aprovecha la debilidad de Teherán para negociar mejores condiciones, fortaleciendo su presencia a través de la Franja y la Ruta y los BRICS.
Analistas destacan que la respuesta moderada de China contrasta con el alto precio que pagan Washington y sus aliados, exponiendo las limitaciones de la influencia estadounidense en la región.
De esta manera, Pekín avanza discretamente hacia un mayor liderazgo global, beneficiándose de un escenario que debilita a sus rivales sin comprometer sus intereses económicos y geopolíticos.

