La inflación venezolana se pone a dieta y baja a un ‘módico’ 8.9% mensual

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¡Saquen las serpentinas y descorchen la sidra! O bueno, lo que quede de ella. En un giro de los acontecimientos más inesperado que encontrar a un político diciendo la verdad, la inflación en Venezuela decidió tomarse un respiro en agosto. Según el Banco Central, ese monstruo come-billetes que nos visitaba cada mes se desaceleró a un casi adorable 8.9%, una mejora considerable si lo comparamos con el salvaje 19.9% de julio. Es el tipo de noticia que te hace pensar que, tal vez, este mes solo tengas que vender medio riñón para hacer la compra.

Pero antes de que salgas a la calle a celebrar como si tu equipo hubiera ganado el mundial, pongamos las cosas en perspectiva. Es como celebrar que un piano te cayó encima, pero solo en un pie. La inflación interanual, esa que mide el desastre completo de los últimos doce meses, se ubicó en un vertiginoso 534.21%. Así es, quinientos treinta y cuatro por ciento. A ese ritmo, el billete que guardaste el año pasado para una emergencia ahora solo te sirve para calzar una mesa coja.

Si miramos el panorama completo de este año, la cosa no mejora. La variación de precios acumulada en los primeros ocho meses ya va por un catastrófico 200.1%. Esto significa que lo que costaba 100 a principios de año, ahora cuesta más de 300. Tus ahorros se han evaporado más rápido que la paciencia de un conductor en el tráfico de las seis de la tarde, dejando solo un rastro de melancolía y telarañas en tu cuenta bancaria.

Según los genios del Banco Central, esta “mejora” se debe a que los canales de comercialización se recuperaron y hubo menos presiones en el mercado cambiario. Traducido del lenguaje burocrático al español de a pie: las cosas estuvieron un poquito menos desastrosas de lo habitual y el dólar no se disparó con la misma furia que un cohete espacial. Una explicación tan reconfortante como ponerle una curita a una herida de bala.

Para no perder la costumbre, algunos sectores decidieron que subir de precio es su deporte favorito. Los servicios de vivienda se llevaron la medalla de oro con un aumento del 12.3%, mientras que las comunicaciones se colgaron la de plata con un 11.7%. Básicamente, tener un techo sobre tu cabeza y poder llamar para quejarte de lo caro que es tener un techo, se convirtieron en lujos de magnate.

Así que, mientras las autoridades celebran que el incendio ahora avanza a velocidad de tortuga en lugar de liebre, los ciudadanos siguen haciendo malabares para sobrevivir. La gran pregunta es si el próximo mes la inflación volverá con hambre renovada o si seguirá con su dieta milagrosa. Hagan sus apuestas, aunque probablemente ya no tengan dinero para ello.

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