Agárrense la cartera, porque los mandamases de la economía estadounidense andan con ganas de jugar al papá enojado. Resulta que Christopher Waller, uno de los jefazos de la Reserva Federal, ya soltó la amenaza: si la inflación sigue de fiestera y no se va a dormir temprano, está más que dispuesto a subir las tasas de interés en septiembre. Básicamente, es el equivalente financiero a que te digan “o limpias tu cuarto o te quito el internet por un mes”, pero aplicado a todo un país.
Y para que la angustia sea colectiva, Waller no viene solo en este tétrico desfile. Ya son como cinco miembros del comité de doce apóstoles económicos que han insinuado lo mismo. Este club de señores, que se reúne para decidir si el dinero nos costará más o un poquito más, parece estar perdiendo la paciencia. Incluso el mandamás Kevin Warsh, sin decirlo directamente, comentó que si la inflación no baja la cabeza, tendrán “trabajo por hacer”, que es la forma elegante de decir que van a apretar las tuercas hasta que nos duelan los bolsillos.
El chiste se cuenta solo cuando vemos sus metas. La Fed lleva más de cinco años tratando de clavar la inflación en un modesto 2.0%, con el mismo éxito que un gato tratando de abrir una lata de atún sin ayuda. En 2022, la inflación se les disparó a un vergonzoso 7.2%, como un adolescente rebelde que se escapa de casa. Ahora, aunque ha bajado, sigue siendo esa visita incómoda que no entiende las indirectas para irse.
Claro que no faltan las excusas para justificar por qué no le atinan al objetivo. Que si la guerra con Irán, que si los aranceles de Donald Trump… cualquier cosa sirve para desviar la atención de su puntería. Mientras tanto, el índice que usan para medir el desastre se situó en 3.7% en julio. Es menos que el pico, sí, pero sigue estando tan lejos del 2.0% como la Tierra del Sol en un día nublado.
Así que el drama está servido para la reunión del 15 y 16 de septiembre. Antes de esa fecha, saldrán nuevos datos sobre el empleo y los precios, que serán como las calificaciones finales antes de saber si pasas el año o te vas a extraordinario. Mientras tanto, el resto de los mortales solo podemos mirar cómo estos señores deciden si el próximo préstamo para el coche nos costará un ojo de la cara o los dos.





