El Banco Central de Venezuela reportó una inflación anual de 475% al cierre de 2025, la tasa más elevada globalmente según proyecciones del FMI, tras más de un año sin divulgar cifras oficiales. Este salto desde el 48% de 2024 refleja el agravamiento de la crisis económica y política que derivó en el derrocamiento de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026.
El descontrol cambiario, sanciones endurecidas, congelamiento del tipo de cambio durante la campaña de 2024 y una brecha superior al 40% entre dólar oficial y paralelo impulsaron la hiperinflación. Sectores clave como alimentos y bebidas subieron 532%, educación 570%, alquileres 340% y salud 445%, erosionando gravemente el poder adquisitivo en un país donde los salarios promedian entre 100 y 300 dólares mensuales, lejos de los 700 necesarios para la canasta básica.
A pesar de la inflación desbocada, la economía creció casi 9% en 2025 gracias al sector petrolero. Expertos anticipan una moderación a 108% en 2026 bajo la nueva administración de Delcy Rodríguez, que aplica disciplina fiscal, frena emisión monetaria, relaja controles y reconoce de facto el dólar, evitando la escasez extrema de años anteriores.Ciudadanos expresan angustia diaria por la pérdida de poder adquisitivo.
Con el levantamiento gradual de sanciones y reanudación de lazos con EE.UU., se vislumbra una recuperación lenta, aunque restaurar ingresos reales sigue siendo el principal reto para estabilizar la economía venezolana.


