El gobierno amaga con un impuesto a la cerveza, pero le da pánico escénico

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En un giro de trama más predecible que el final de una telenovela, los cerebros de la Cámara de Diputados lanzaron una idea revolucionaria: meterle un impuesto extra a la cerveza y a las sopas instantáneas. Justo cuando millones de mexicanos se preparaban para ahogar sus penas y su hambre en un solo acto de rebeldía, los mismos políticos que soltaron la bomba dieron un paso atrás con la agilidad de un bailarín de cha-cha-chá, fingiendo que todo fue un malentendido.

La propia presidenta Claudia Sheinbaum, al ser cuestionada, esquivó el tema como si fuera una invitación a una tanda y luego soltó un triple «no, no, no» que sonó más a conjuro para alejar malos espíritus que a una declaración oficial. Por su parte, el líder de los diputados de Morena, Ricardo Monreal, se puso su mejor cara de póquer y aseguró que «no hay hasta el momento alguna iniciativa», mientras se declaraba un hombre «cauto y prudente», probablemente para evitar que una turba sedienta lo esperara afuera del Congreso.

La cruda realidad es que las arcas del gobierno tienen más telarañas que la cartera de un estudiante en fin de quincena. Los ingresos tributarios no crecen y la recaudación del Impuesto Sobre la Renta (ISR) se desplomó un 6%, su peor caída desde la crisis de 2009. Ante este panorama desolador, a alguien se le ocurrió la brillante idea de ir por el único pilar que sostiene el ánimo nacional: la cerveza y los placeres culposos con exceso de sodio.

La propuesta fantasma, que ahora todos niegan, era bastante específica. Se hablaba de aumentar entre 60 centavos y un peso el precio de cada cerveza, un «esfuerzo moderado» que mágicamente les haría aparecer 6,500 millones de pesos. La lógica es aplastante: si la cerveza representa el 94% del mercado de bebidas alcohólicas, es como dispararle a un elefante en un pasillo. Imposible fallar.

Pero la cosa no paraba ahí. En su cruzada por nuestra salud y sus bolsillos, también querían tasar las sopas instantáneas, aderezos y salsas, con lo que esperaban recaudar otros 12,000 millones de pesos. Todo esto mientras las industrias de vinos y licores aprovechan el caos para pedir que el impuesto se cobre según la cantidad de alcohol, una jugada maestra para fastidiar a los gigantes cerveceros.

Así que, por ahora, tu cerveza y tu sopa de vaso están a salvo, pero la idea quedó flotando en el aire como una amenaza latente. Los políticos aseguran que esperarán la propuesta oficial de Hacienda, lo que en su idioma significa que volverán a intentarlo cuando estemos distraídos viendo el fútbol. Mientras tanto, salud… mientras nos dejen.

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