En Ecuador, parece que la política es el negocio familiar más rentable, y el expresidente Lenín Moreno acaba de dar una clase magistral sobre cómo no ser discreto. Un juez lo ha declarado culpable de cohecho por, presuntamente, haberle echado una manita a la empresa china Synohydro para que ganara el contrato de la hidroeléctrica más grande del país. A cambio de este pequeño favor, Moreno y su círculo más cercano se habrían embolsado más de un millón de dólares, demostrando que la energía hidroeléctrica puede ser sorprendentemente lucrativa.
Pero esperen, que esto se pone mejor. El plan no fue una operación de un solo hombre, sino una verdadera empresa familiar. La esposa y la hija de Moreno también fueron declaradas culpables en calidad de cómplices. Su papel, según la justicia, fue el de prestar amablemente sus cuentas y patrimonio para que los sobornos tuvieran un lugar calentito donde aterrizar sin levantar sospechas. Una conmovedora historia de unión familiar en torno a un proyecto común: el lavado de activos.
Por supuesto, Moreno, con la serenidad de quien no ha roto un plato en su vida, declaró a la prensa que no ha recibido «un solo centavo». Una defensa tan sólida como un flan, especialmente cuando la fiscalía sostiene que el total de los sobornos repartidos por la empresa china asciende a la estratosférica cifra de US$76,1 millones. Al parecer, ese dinero se evaporó en el aire o se lo comió el perro, porque según el expresidente, a sus bolsillos no llegó nada.
La fiscalía describió una operación digna de una película de espías de bajo presupuesto. El dinero se movía a través de un laberinto de cuentas en paraísos fiscales y empresas fachada, fragmentando el botín para que fuera más difícil de rastrear. Básicamente, se dedicaron a esparcir el dinero por el mundo como si estuvieran echando migas de pan, esperando que nadie se diera cuenta del festín que se estaban dando. Una obra maestra del disimulo que tardó siete años en ser descubierta.
Ahora, la fiscalía pide una modesta pena de seis años y medio de prisión para los 21 imputados en este enredo. Todo este escándalo estalló gracias a una investigación periodística, demostrando una vez más que no hay nada como un buen chismoso con libreta para arruinarle el negocio a toda una familia. Al final, la hidroeléctrica no solo generó electricidad, sino también un escándalo de proporciones épicas.





