En una movida que dejó a los expertos rascándose la cabeza con más fuerza que un mono con piojos, la Junta Directiva de Ecopetrol anunció a su nuevo presidente. Joaquín Gutiérrez Caballero, un hombre cuyo currículum grita «experto en todo… menos en petróleo», tomará las riendas de la empresa. Reemplaza a Ricardo Roa, quien se fue en medio de un enredo legal que ya quisieran los productores de telenovelas para mejorar su audiencia.
Pero no se alarmen, que todo tiene una explicación más simple que el mecanismo de un botijo. Resulta que Gutiérrez es amigo íntimo y hombre de confianza del presidente Abelardo De la Espriella, con quien comparte una relación de más de dos décadas. De hecho, el propio presidente lo presentó como su candidato favorito ante el sindicato meses antes, en un claro ejemplo de «yo invito, yo elijo la película». Al parecer, la meritocracia era una materia optativa que ese día se saltaron.
La parte más divertida de este circo es que la experiencia profesional de Gutiérrez en petróleo, gas o energía es exactamente cero, un número tan redondo como una llanta de camión. Justo cuando Ecopetrol enfrenta decisiones monumentales sobre exploración, reservas y la mentada transición energética, ponen al mando a alguien que probablemente confunde un barril de crudo con uno de aceitunas. Es como nombrar capitán del Titanic a un experto en piscinas inflables después de ver el iceberg.
Así, con una junta directiva renovada y un presidente que sabe más de cemento que de combustible, Ecopetrol se lanza a un futuro incierto. La nueva administración deberá definir el rumbo de la compañía más grande del país, mientras los inversionistas contienen la respiración y revisan sus pólizas de seguro. Ahora la gran duda es si la próxima gran inversión será en un pozo petrolero o en un criadero de gallinas ponedoras.


