A China le sale el tiro por la culata: la soja de Brasil ahora es más cara que un capricho de millonario

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Parece que la estrategia de China de darle la espalda a Estados Unidos para comprarle soja a Brasil está resultando ser un negocio tan bueno como comprar un coche usado sin revisar el motor. Las importaciones de soja brasileña se han desplomado a menos de cinco cargamentos en las últimas dos semanas, una cifra ridícula comparada con los 20 barcos semanales que llegaban en agosto. La razón es simple: los precios están tan inflados que a las procesadoras chinas les sale más barato cerrar y mandar a sus empleados de vacaciones.

El Chapucero - Segunda Entrega
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El drama financiero es digno de una telenovela de las nueve. Procesar un cargamento de soja brasileña en noviembre genera pérdidas de 150 yuanes por tonelada, pero la cosa se pone peor para diciembre, con un agujero de 470 yuanes. Es el equivalente económico a pagar la entrada a un concierto para que el artista cancele a última hora. Los compradores chinos están ahora más quietos que una estatua, esperando a ver si papá Trump y papá Xi se dan un abrazo y arreglan sus diferencias.

Mientras tanto, los procesadores privados chinos, que se habían refugiado en Brasil como quien se esconde de la lluvia bajo un árbol, ahora se dan cuenta de que el árbol tiene goteras y además cobra por la sombra. Su dependencia del grano brasileño los ha dejado en una encrucijada, pues al ritmo actual de compras no van a tener ni para empezar a alimentar a su ganado. Todo el mundo en China cruza los dedos para que se elimine el arancel del 10 % a la soja estadounidense y puedan volver a comprarle al vecino del norte.

Por su parte, los agricultores brasileños no son ningunos tontos y, viendo la desesperación ajena, están jugando sus cartas como expertos en póquer. Ya han vendido más del 91 % de su cosecha anterior y ahora guardan el resto como si fuera el último tesoro de los piratas, esperando a que los precios suban todavía más. Saben que tienen a China contra las cuerdas y no piensan soltar la presa fácilmente, demostrando que en los negocios no hay amigos, solo oportunidades.

Para rematar el chiste, la soja brasileña para entrega en noviembre se cotiza con una prima de 1,35 dólares por bushel sobre los futuros de Chicago, haciéndola oficialmente más cara que la oferta estadounidense del Golfo de México. Así es, la alternativa barata se convirtió en el lujo que nadie puede permitirse. La gran jugada maestra de China de castigar a Estados Unidos terminó siendo un costoso bumerán que les ha pegado directamente en la billetera.

Al final, todo este embrollo demuestra que las guerras comerciales son como las peleas de pareja: mucho orgullo, muchas indirectas y, al final, ambos terminan durmiendo en el sofá y gastando más dinero del que tenían. El destino del tofu y la leche de soja a nivel mundial depende, irónicamente, de lo que un par de señores decidan mientras toman café en Washington. Qué mundo tan absurdamente maravilloso.

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