¡Atención, mortales! El gigante financiero Citi, después de mirar a Latinoamérica como a un pariente incómodo en la cena de Navidad, de repente ha decidido que la región no estaba tan mal después de todo. Resulta que con el dólar más débil y las materias primas por las nubes, estos genios de las finanzas ven una oportunidad de oro. A esto le suman la nueva moda de traerse las fábricas al patio trasero, y de pronto el sur del continente se ve más atractivo que nunca, a pesar de representar apenas un 7% del índice de mercados emergentes.
En esta nueva conquista amorosa, Brasil y Chile son los favoritos para llevar al baile. Brasil es el amigo salvaje y arriesgado de la fiesta; sus acciones andan regaladas, cotizando a unas 8,8 veces las utilidades esperadas, más barato que un combo de supermercado. Por su parte, Chile es el alumno aplicado de la clase, apostando todo al cobre y a sus proyectos mineros y eléctricos. Citi está tan entusiasmado que le subió el objetivo al índice IPSA hasta los 13.000 puntos, como quien le sube el volumen a una buena cumbia.
Luego están los que dejaron en la categoría de «ya veremos». Perú, con su devoción por el cobre, la plata y el zinc, es como ese músico que solo sabe tocar una canción, pero la toca muy bien. Mientras tanto, Argentina es el eterno proyecto a futuro, el campeón de las promesas que ahora pone todas sus fichas en el pozo petrolero de Vaca Muerta. Según los cálculos, esa maravilla podría generar unos 35.000 millones de dólares en exportaciones para 2031, si la política no decide armar un circo antes.
En la esquina de los castigados, por ahora, se sientan México y Colombia. A México lo ven demasiado pegado a la economía gringa, con una correlación de casi 0,79 desde 1993, prácticamente un matrimonio sin divorcio. Además, la tensa revisión del T-MEC les da más nervios que una primera cita. Colombia, por otro lado, tiene con qué defenderse, pero sus cuentas fiscales y la inflación preocupan a los trajeados más que mancharse la corbata con salsa picante.
En resumen, Citi anda de compras por el barrio latino, pero con la lista del súper bien definida y escogiendo solo las ofertas. Es una quiniela financiera en la que hoy unos son los guapos y otros los feos, pero mañana todo puede cambiar con un estornudo de la economía mundial. Al final, lo único seguro es que los banqueros siempre encuentran una forma de divertirse, preferiblemente con el dinero de otros.



