Parece que el bitcoin amaneció con el pie izquierdo, o directamente se cayó de la cama. Por cuarto día consecutivo, la criptomoneda más famosa del mundo se ha dado un costalazo, demostrando tener la estabilidad de un flan en una montaña rusa. Su más reciente hazaña fue caer por debajo de los ochenta mil dólares, una barrera psicológica que le cuesta más superar que a un político admitir un error. El pobre bitcoin quiere subir, pero el resto del mundo parece empeñado en ponerle la zancadilla.
La culpa, como siempre, es de los adultos y sus problemas serios. Las tensiones en Medio Oriente hicieron que el petróleo se pusiera más caro que un aguacate en diciembre, asustando a los inversionistas. Para rematar, los datos de inflación en Estados Unidos salieron más inflados que el ego de un fisicoculturista, y ahora todos temen que la Reserva Federal suba las tasas de interés y se acabe la fiesta del dinero fácil. Básicamente, el ambiente está tan tenso que se podría cortar con un cuchillo.
En medio de este drama digno de telenovela, el bitcoin se desplomó hasta un 2,1%, para quedar en unos tristes 76.663,54 dólares. Desde febrero, ha estado atrapado en un limbo entre los 60.000 y los 80.000 dólares, como un alma en pena que no sabe si ir al cielo o al infierno. Muy lejos quedaron aquellos días de gloria de octubre, cuando alcanzó un máximo histórico de casi 126.000 dólares y sus dueños se sentían los reyes del mambo.
Para echarle más leña al fuego, un informe reveló que los precios al productor en Estados Unidos subieron un 0,4% en un mes y un 5,4% en un año, confirmando que todo cuesta un ojo de la cara. Según Adam McCarthy, un experto que seguramente tiene más paciencia que un santo, el mercado está en modo «a ver qué pasa». Traducido del lenguaje financiero al español: nadie tiene ni la más remota idea de lo que va a suceder.
Sin embargo, siempre hay un optimista en el grupo. Jasper De Maere, otro especialista del sector, asegura que, a pesar del pánico generalizado, el mercado de opciones sigue apostando a que el bitcoin terminará el año con fuegos artificiales. Mientras los genios de las finanzas debaten, el resto de nosotros miramos nuestra cartera esperando que no se convierta en el equivalente a calderilla para la máquina de chicles.



