Parece que en Coapa el luto por la partida de Sebastián Cáceres al Celta de Vigo duró lo que tarda un parpadeo. Para sanar el corazón roto, la directiva aplicó la vieja confiable: terapia de compras. La receta del Apertura 2026 fue un defensor argentino de 24 años por 10 millones de dólares.
El gurú de las transferencias, César Luis Merlo, soltó la primicia, provocando que los teclados de los aficionados se sobrecalentaran. Y es que Santiago Ramos Mingo no es un simple parche; es como cambiar la llanta ponchada de un vocho por una de jet privado. La directiva y el técnico Guillermo Almada no buscaban a cualquiera, querían un central zurdo con la velocidad de un repartidor en quincena y la jerarquía de un suegro enojado. Su misión: construir jugadas desde atrás como si fuera un arquitecto de Legos con doctorado.
Con más de 200 partidos profesionales, el argentino tiene más experiencia internacional que un diplomático con insomnio. Su presencia convertirá la defensa azulcrema en una especie de aduana impenetrable, donde los delanteros rivales necesitarán visa y pasaporte para acercarse al área. Es el reemplazo directo de Cáceres, pero con una actualización de software que incluye salida ofensiva y la capacidad de intimidar con solo levantar una ceja. Se trata de una apuesta para no extrañar al uruguayo y, de paso, darle un nuevo líder al club.
Así, Guillermo Almada puede dormir más tranquilo, sabiendo que su defensa ya no tiene un hueco del tamaño de un cráter, sino una muralla argentina con precio de obra de arte. La estrategia es clara: si un problema no se soluciona con dinero, es porque no era suficiente dinero.



