En un episodio más de «Líderes Mundiales Haciendo Cosas», el presidente ruso, Vladimir Putin, y su contraparte estadounidense, Donald Trump, se enfrascaron en una llamada telefónica descrita por el Kremlin como «extremadamente franca», lo que en lenguaje diplomático se traduce como «se dijeron de todo menos ‘bonito'». Mientras estos dos titanes del ego sostenían su chismecito geopolítico, Moscú decidió que tres días sin fuegos artificiales sobre Ucrania ya eran suficientes y reanudó su gira de bombardeos masivos.
Por su parte, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, quien aparentemente vive en un universo paralelo lleno de optimismo y ponis, sugirió que podría haber una reunión a tres bandas para tomar el té y resolver sus diferencias. Moscú, con la misma emoción que un funcionario público un viernes a las tres de la tarde, dijo que «es muy pronto» para pensar en sentarse a la mesa. Al parecer, la visita de los enviados de paz de Washington, que olía más a un intento de Trump por acaparar titulares, solo sirvió para que Putin se acordara de que tenía misiles a punto de caducar.
Durante la llamada, que duró una hora exacta (probablemente porque a alguien se le acabaron los datos), Trump abogó por acabar la guerra rapidito, como si estuviera cancelando una suscripción al gimnasio. Putin, en cambio, se lanzó un monólogo ofreciendo un «análisis objetivo» de la situación, asegurando que no tiene «ningún plan agresivo» contra Europa, una afirmación tan creíble como un político prometiendo no subir los impuestos. El asesor del Kremlin añadió que Putin le «subrayó» a Trump lo que los estadounidenses podrían hacer para acabar el conflicto, lo que probablemente implicaba enviarles un palé de vodka y dejarlos en paz.
Mientras tanto, en el mundo real, la tregua temporal por la visita de los «pacificadores» terminó con un estruendo. Kiev se despertó con una serenata de 166 drones y decenas de misiles, que al parecer venían con una oferta de «paga uno, lleva ciento sesenta y cinco gratis». El saldo: cinco muertos, veinticinco heridos y una señora que vio cómo su coche «ardía por completo». «Fue terrorífico, los niños y los animales lloraban», comentó, probablemente pensando que lo único que ardió más rápido que su coche fue su póliza de seguro. El ministro de Exteriores ucraniano, con la paciencia de un santo en el tráfico, denunció en redes sociales que apenas se fueron los mensajeros de la paz, Putin lanzó su «horroroso ataque». Y así, mientras unos hablan por teléfono, otros aprenden a distinguir el silbido de un misil del canto de los pájaros. ¡Qué divertido es el siglo XXI





