El Banco Nación se apiada de los morosos y les afloja la soga apenas un poquito

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En un giro más inesperado que encontrar un billete de cien dólares en el pantalón de la semana pasada, el Banco Nación decidió ponerse el traje de buen samaritano. La entidad estatal, conmovida hasta las lágrimas por la cantidad de gente que debe hasta el apellido, anunció que bajará su tasa para refinanciar deudas del estratosférico 35% a un todavía asfixiante 29%. Un gesto de caridad que seguramente hará que los deudores duerman cinco minutos más por la noche antes de que la ansiedad los despierte de nuevo.

Para que se entienda la magnitud de esta generosidad desbordante, hagamos cuentas de almacenero. Si usted es uno de los valientes que pidió 10 palos verdes (en pesos, claro) a 60 meses, su cuota pasará de ser un martirio de $354.900 a un suplicio un poco más suave de $317.400. Esto significa que se ahorrará unos $37.500 al mes, con lo que ahora quizás le alcance para pagar la factura de la luz y comprar un kilo de pan para celebrar su nueva y ligeramente menos miserable situación financiera.

Y no crea que usted está solo en este club de los que viven al límite. El banco ya le dio una palmadita en la espalda a 95.626 clientes, refinanciando la friolera de 109.507 operaciones por un monto total que marea: $503.300 millones. Básicamente, hay más gente refinanciando deudas que hinchas celebrando un gol de la selección, lo que demuestra que el deporte nacional ya no es el fútbol, sino el bicicleteo financiero.

Mientras tanto, desde el Olimpo del Banco Central, el vicepresidente Vladimir Werning salió a calmar las aguas con la sutileza de un elefante en un bazar. Dijo que los bancos tienen espalda suficiente para aguantar las pérdidas de sus “decisiones equivocadas”, lo que en buen criollo significa: “Ellos solitos se metieron en este lío prestando plata a diestra y siniestra, que se la banquen”. Un mensaje de tranquilidad para los banqueros, no tanto para usted.

La realidad es que el festival de la deuda está en su apogeo, con una morosidad de las familias que alcanzó un alarmante 12,94% en julio. Así que esta rebaja en la tasa es como ponerle una curita a un paciente que necesita cirugía a corazón abierto. Es un gesto simpático, sí, pero la hemorragia de los bolsillos argentinos sigue y parece que no hay torniquete que la detenga. ¡A seguir remando

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