¡Atención, abuelos y pensionados! Prepárense para descorchar la sidra más barata del supermercado, porque la ANSES se puso espléndida y anunció un aumento monumental para septiembre. Con un espectacular incremento del 2,11%, el futuro se ve tan brillante que van a necesitar anteojos de sol para mirar la cuenta del banco. Y como si fuera poco, para quienes cobran la miseria mínima, hay un bono extra de ARS$70.000, suficiente para media docena de facturas y un café con leche sin azúcar.
Hagamos las cuentas, que para eso tenemos los dedos. Sumando el haber actualizado con la precisión de un cirujano y el bono milagroso, los jubilados de la mínima alcanzarán la estratosférica cifra de ARS$498.633,20. Con semejante fortuna en el bolsillo, podrán enfrentarse al dilema existencial de pagar el alquiler o comer tres veces al día, pero definitivamente no ambas cosas. Todo gracias a la fórmula de movilidad, un invento más enredado que un cable de auriculares en el bolsillo.
Pero no corran al cajero todavía, que el cobro es más complicado que armar un mueble sin instrucciones. La ANSES, en un alarde de organización digno de una kermés de pueblo, ha diseñado un calendario de pagos basado en la terminación de tu DNI. Es básicamente la Lotería Nacional, pero en lugar de ganar un premio gordo, solo te aseguras de que tu magro sueldo llegue a tu cuenta en algún momento del mes, si los astros se alinean.
Y la fiesta burocrática no termina ahí, porque el laberinto se extiende a todos los demás que dependen de un subsidio estatal. La Asignación Universal por Hijo, la de Embarazo y hasta la de Desempleo tienen su propio calendario de tortura china, con fechas que bailan según tu número de documento. Se necesita un posgrado en paciencia y un mapa del tesoro para no perderse en el intento de cobrar lo que te corresponde.
Incluso los grandes eventos de la vida, como casarse, tener un hijo o adoptar, tienen su propia ventanilla de pago, con fechas que se extienden entre el 9 de septiembre y el 9 de octubre. Al final, todo el sistema parece diseñado para que te marees tanto con los calendarios que te olvides de lo poco que estás cobrando. Una genialidad administrativa para mantener a la gente ocupada mientras busca monedas bajo el sofá.





