El mercado de valores se tomó el día libre, pero sus pesadillas trabajaron tiempo extra

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Mientras los financistas de Wall Street probablemente estaban quemando la última hamburguesa del verano en sus parrillas por el feriado, los mercados de futuros decidieron que no había descanso para los ansiosos. Aunque las bolsas estuvieron cerradas, los indicadores a futuro se movieron con más nervios que un estudiante antes de un examen final. El S&P 500 y el Dow Jones se mostraron pesimistas, mientras que el Nasdaq, siempre el rebelde tecnológico, se asomó tímidamente al terreno positivo.

El gran aguafiestas de la jornada fue, para no variar, el petróleo. El barril de crudo se disparó como si le hubieran contado un chiste buenísimo, con el Brent subiendo un 1,5% y el WTI un 1,8%. Con un alza acumulada de casi el 60% en lo que va del año, el petróleo está más cerca de los 100 dólares que tu sueldo de llegar a fin de mes. Este repunte se debe a las tensiones en el estrecho de Ormuz y a que China despertó con ganas de comprar, causando un alboroto en los precios.

Este berrinche del crudo tiene a la Reserva Federal con el ceño más fruncido que de costumbre, preparando el terreno para una posible subida de tasas de interés. El mercado ya da por hecho, con una probabilidad del 60%, que en septiembre nos van a recetar otro aumento para enfriar la economía, o lo que queda de ella. Y como en Europa les encanta copiar todo, el Banco Central Europeo también está afilando las tijeras para aplicar su propio recorte de buen rollo.

Pero no todo fue un drama. El cobre, por su parte, se sintió una estrella de rock y alcanzó un máximo histórico, cotizando a la friolera de 14.533 dólares la tonelada. En el otro extremo del espectro, el oro se puso melancólico y bajó un 0,4%, probablemente porque nadie le hace caso cuando el resto de las cosas se ponen interesantes. Mientras tanto, los mercados emergentes, con Corea del Sur a la cabeza, tuvieron un día sorprendentemente bueno, demostrando que siempre hay alguien que se salva de la quema.

En el rincón de las noticias corporativas, el panorama fue menos festivo. El gigante de la moda rápida Shein perdió la friolera de 5.000 millones de dólares de valor en una semana, demostrando que su popularidad puede ser tan desechable como su ropa. Por otro lado, Jaguar Land Rover anunció que va a despedir a 4.000 empleados, una señal de que ni siquiera los autos de lujo pueden esquivar los baches económicos que se avecinan.

Así que, aunque no hubo campanazo en Wall Street, el ruido de fondo fue el de una bomba de tiempo inflacionaria haciendo tictac. Esta semana se perfila como una telenovela económica de alto presupuesto, con decisiones de tasas de interés y datos de inflación que prometen más drama que un final de temporada. Abróchense los cinturones, que parece que la tranquilidad se acabó.

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