Corazón de Mel Zelaya se declara en huelga y lo manda a buscar refacciones a México.

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En un giro argumental que ni la mejor telenovela podría inventar, el expresidente hondureño Manuel «Mel» Zelaya, famoso por tener el pijama más viajado de la política internacional, tuvo que salir corriendo a México. ¿La razón? Su corazón, aparentemente harto de tanto drama, decidió empezar a fallar como si fuera un electrodoméstico barato comprado en oferta.

Al parecer, el exmandatario, que ahora ejerce de «Primer Caballero» mientras su esposa Xiomara Castro gobierna, sintió que el músculo cardíaco le hacía un berrinche de proporciones épicas. La membrana que le rodea el corazón se le inflamó como ego de político en campaña, amenazando con tramitar su propia jubilación anticipada en forma de infarto. Fiel a su estilo impredecible, Mel se fue manejando él mismo hasta el aeropuerto, porque nada tranquiliza más un corazón a punto de explotar que el estrés del tráfico de Tegucigalpa.

Para los que tienen mala memoria, Mel es el mismo personaje al que un buen día los militares sacaron de la cama en plena madrugada, en una especie de servicio de «desalojo exprés» que lo dejó exiliado en calzoncillos y pijama. Uno pensaría que el susto ya había pasado, pero parece que el corazón tiene memoria y le está pasando la factura con intereses, demostrando que un trauma político te puede jorobar la salud más que una dieta a base de chicharrones.

Así que, mientras su esposa lidia con los problemas de Honduras, Mel tiene la misión personalísima de que su motor interno no se desbiele. Viajó a México para que le hagan una revisión técnica de alto nivel, esperando que los mecánicos de bata blanca puedan ponerle un parche a la bomba de tiempo que lleva en el pecho antes de que se convierta en una crisis de gabinete.

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