Como dos vecinos que se juntan a tomar un café para quejarse de la inseguridad del barrio, pero con aviones presidenciales, así fue el encuentro entre Daniel Noboa de Ecuador y José Raúl Mulino de Panamá. La agenda oficial era un festival de temas serios: que si el comercio, que si la inversión, que si cómo le hacemos para que el crimen organizado deje de tratar a la región como su patio de juegos personal. Todo muy solemne y preocupante.
Mulino llegó con cara de compadre solidario, declarando que «tenemos una amenaza latente» y que hay que «unir esfuerzos», la frase clásica que se dice antes de pedir que alguien más ponga el dinero. Se esperaba una cumbre de estrategias de seguridad y planes de choque, pero como en toda telenovela que se respete, la trama dio un giro inesperado cuando el tema principal se convirtió en, básicamente, pedirle al vecino que le pase corriente.
Resulta que Noboa, en un arranque de creatividad digno de un tutorial de internet, soltó la bomba: Panamá podría venderle energía a Ecuador. Su plan maestro consiste en que Panamá se conecta con Colombia, y como Colombia ya está conectada con Ecuador, pues solo es cuestión de pasar el cable. Una triangulación eléctrica que suena más a un plan para robarse la señal del vecino que a un acuerdo energético internacional.
El presidente ecuatoriano explicó que Panamá, al igual que Paraguay, a veces tiene tanta energía de sobra que no sabe dónde meterla, y que podrían vendérsela a «muy buen precio». Lo que el mandatario no detalló es si esta genial idea evitará los apagones que se avecinan con el fenómeno El Niño y las sequías, un detallito sin importancia que seguramente se resolverá con un par de velas y buena voluntad.
Para no irse con las manos vacías, los presidentes y sus equipos firmaron un par de documentos. Uno para intercambiar información migratoria, que es la versión diplomática de «te aviso si veo gente rara merodeando», y otro para establecer las bases de un futuro acuerdo comercial. Es decir, firmaron un papel para prometer que en el futuro firmarán otro papel más importante.
Así que mientras los papeles se secan y los ministros se felicitan por «fortalecer lazos», los ecuatorianos pueden respirar tranquilos. Quizás la seguridad siga siendo un desastre y el crimen organizado ande de fiesta, pero si todo sale bien, al menos tendrán suficiente electricidad para ver las noticias sobre todo lo que sigue funcionando mal.





