Analistas de Wall Street se enamoran de Brasil, pero a México lo mandan a la banca

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Los cerebritos de Goldman Sachs, esos genios de las finanzas que deciden si tu país come caviar o frijoles refritos el próximo año, han puesto sus ojos en el siempre caótico patio de recreo de América Latina. Después de analizar el panorama como si fuera un catálogo de destinos exóticos, ya tienen a sus favoritos. Parece que Brasil y Colombia se ganaron un viaje con todo pagado, mientras que a México le tocó quedarse en casa a cuidar al gato.

Para estos magos del dinero, Brasil y Colombia son la última maravilla del mundo, principalmente por sus monedas y su deuda local. Ofrecen algo que en el bajo mundo de las finanzas se conoce como «carry», que no es más que el arte de pedir prestado barato en un lado para prestar caro en otro; una bicicleteada financiera en toda regla. Ambas naciones prometen ganancias tan jugosas que los inversores babean, aunque también son tan sensibles como un adolescente al que le quitan el internet cada vez que a Estados Unidos se le ocurre subir sus tasas de interés.

Luego está México, el eterno «es complicado» de la región. A los de Goldman Sachs les gusta el peso mexicano por su buena relación entre lo que paga y lo poco que se sacude, poniéndolo por delante de la rupia india y el rand sudafricano. Sin embargo, cuando miran la deuda mexicana, arrugan la nariz como si hubieran olido leche agria. Consideran que los papeles del gobierno están más caros que un aguacate en diciembre, y prefieren mantenerse a una distancia prudente.

Claro que todo este tinglado depende del humor con el que se levante el Tío Sam. El gran riesgo que pende sobre estas apuestas es, como siempre, Estados Unidos y sus benditas tasas de interés. Si a los norteamericanos se les ocurre ajustar la tuerca más de la cuenta, toda la estrategia se puede ir al traste más rápido que una promesa de político en campaña, dejando a los inversores con cara de póker y los bolsillos vacíos.

En resumen, la estrategia de los sabiondos es clara y selectiva. Brasil es el paquete completo, el novio ideal que te presentan en casa: atractivo en acciones, moneda y deuda. Colombia, por su parte, es la cita emocionante, con una moneda que promete y una deuda que parece una ganga. Es una apuesta más enfocada pero igualmente tentadora para los que buscan emociones fuertes.

Al final del día, México se queda como el amigo al que invitas a la fiesta por compromiso, pero no dejas que se acerque a la barra libre. Su moneda tiene su encanto para jugadas rápidas, pero su deuda genera más desconfianza que un wifi público sin contraseña. Así es el juego de las altas finanzas: un día eres el rey de la fiesta y al otro te toca limpiar los vasos.

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