¡Saquen las botanas y pónganse cómodos! El circo electoral de medio tiempo en Estados Unidos ha comenzado, y lo hizo de la forma más caótica posible: mandando boletas por correo que parecen más bien mensajes en una botella. En Carolina del Norte ya empezaron a volar las cartitas, mientras el Pato Donald con peluquín de oro patalea porque quiere que el Servicio Postal se convierta en una agencia de espionaje. Su última ocurrencia es pedirle a la Corte Suprema permiso para llenar los sobres con códigos de barras tan complicados que ni un hacker de la NASA podría descifrarlos, probablemente para asegurarse de que solo voten los que entiendan el lenguaje de las tostadoras.
\n\nClaro, del otro lado de la calle, los demócratas, que huelen el poder como un perro huele el tocino, acusan al gobierno de querer armar un desorden digno de fiesta de fin de año en la oficina. La Corte Suprema, actuando como los papás divorciados que son, le dieron un poquito de razón a Trump, pero luego llegó una jueza federal, cual tía sensata en cena de Navidad, y les quitó los juguetes a todos diciendo que ya es muy tarde para andar inventando reglas. Así que el 3 de noviembre, los ciudadanos tendrán que ir a las urnas a jugar a la ruleta rusa democrática.
\n\nEn esta kermés política se reparten todos los asientos de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, que es como rifar el control remoto del país. Las encuestas dicen que la Cámara baja se pintará de azul demócrata, un spoiler más predecible que el final de una película de Adam Sandler. Estos comicios, con una inflación que hace llorar a la cartera y una guerra en Irán de la que nadie se acuerda, decidirán si Trump podrá seguir haciendo de las suyas o si pasará los próximos dos años jugando solitario en la Oficina Oval. En el Senado, la cosa está más reñida que la final del fútbol del barrio, una verdadera pelea de lodo donde los republicanos defienden su pequeña ventaja como si fuera el último trozo de pastel.
\n\nAl final del día, republicanos y demócratas presentan esta elección como un referendo sobre la gestión de Trump, cuyo nivel de popularidad está más bajo que el ánimo en un lunes por la mañana. Seis de cada diez estadounidenses lo quieren mandar a freír espárragos, lo que convierte estos comicios en el tradicional «zape de medio tiempo» que recibe el presidente de turno. Los expertos ahora solo debaten qué tan fuerte será el golpe. Así que preparen las palomitas, que este reality show apenas comienza y promete más drama, traición y peinados inexplicables que cualquier telenovela.





