Resulta que los genios de las finanzas, después de agotar todas las letras del abecedario para describir nuestras crisis, han decidido que ahora estamos en una recuperación en forma de “K”. Así es, como si la economía estuviera haciendo una pésima pose de yoga, una pierna para el cielo y la otra directa al sótano. México y Estados Unidos, esos vecinos que se aman y se odian, están en este baile disparejo donde a unos les llueve la lana y a otros solo las deudas.
Según los que saben, como la subgobernadora del Banco de México, Galia Borja, en nuestro país el asunto está de locos. El sector de servicios, o sea, los restaurantes, los bares y las tiendas donde gastamos lo que no tenemos, anda con una energía que ni un adolescente con celular nuevo. Mientras tanto, la industria, la de las fábricas y los obreros, tiene menos fuerza que un anémico intentando abrir un frasco de mayonesa. Es la perfecta definición de tener para el cine pero no para la renta.
Del otro lado del muro, en Estados Unidos, la “K” está al revés, como si la hubieran escrito en un espejo. Allá, todo lo que tenga que ver con Inteligencia Artificial y tecnología se está inflando más rápido que el ego de un político en campaña. Pero el consumo, el de la gente de a pie, está más débil que excusa de infiel. Es decir, las computadoras se volvieron más listas y ricas, mientras que la gente apenas tiene para pagar la suscripción a la plataforma de video de moda.
Lo más cómico es que, a pesar de nuestro estancamiento interno y la falta de inversión, nos hemos convertido en los vendedores estrella de los gringos. Las exportaciones mexicanas hacia allá rompieron récord, superando los 60,000 millones de dólares en un solo mes. Somos como ese amigo que no tiene ni para el camión, pero de alguna manera le consigue a todo el mundo los mejores productos electrónicos y se los lleva hasta la puerta de su casa.
Claro, no faltaron los aguafiestas, como los analistas del EGADE y Banco Base, para recordarnos que no debemos emocionarnos. Advierten que la inversión privada sigue paralizada por el miedo, que el T-MEC es una bomba de tiempo y que cualquier mejoría, como la que hubo por el Mundial, fue un espejismo. Básicamente, si un sector crece, es por pura casualidad y no durará mucho.
Al final, esta recuperación en forma de “K” es la manera elegante de decir que la brecha entre los que tienen y los que no, se está convirtiendo en un cañón. Mientras unos cuantos descorchan champaña en sus oficinas tecnológicas, la mayoría seguimos buscando ofertas en el supermercado. La economía es ese familiar bipolar que un día te invita a Cancún y al otro te pide prestado para el gas.





