La ministra, el magnate y el escándalo que solo existe en tuits viejos

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Lenia Batres Guadarrama compartió una foto con Carlos Slim Helú durante el Segundo Informe de Claudia Sheinbaum y el mundo mediático reaccionó como si hubiera descubierto un complot internacional. La ministra, que antes criticaba al empresario en redes entre 2012 y 2014, ahora aparece sonriente junto a él y también con la fiscal Ernestina Godoy. El hashtag #MinistraDelPueblo acompañó las imágenes, pero algunos prefirieron ver traición donde solo había una instantánea de un evento oficial.

El contraste generó titulares alarmistas, recordando cuando Batres fue impedida de votar en un caso de Ricardo Salinas Pliego por supuesta falta de objetividad basada en publicaciones antiguas. Yasmín Esquivel y otros ministros decidieron apartarla entonces. Ahora, la foto con Slim revive el mismo guion: empresarios preocupados por su posible presidencia de la SCJN en 2027. Sheinbaum confirmó reuniones del sector privado, aunque aclaró que las preferencias varían y que el asunto corresponde exclusivamente al Poder Judicial, señalando incluso contradicciones constitucionales entre los artículos 94 y 97.

Durante el procedimiento, Batres mantiene su postura sin alterar el rumbo institucional. El encuentro con Slim no modificó ninguna votación ni generó beneficios concretos. Los críticos exageran un gesto social mientras el tribunal sigue resolviendo asuntos de fondo con normalidad. El verdadero misterio no es la fotografía, sino por qué tanto revuelo por una imagen que no altera resoluciones ni modifica la independencia judicial.

Al final, la SCJN define su presidencia sin consultar encuestas empresariales ni tuits reciclados. Batres sigue su camino con la misma serenidad que un ministro que ya vio pasar varias tormentas mediáticas y sabe que ninguna foto cambia el peso de una sentencia.

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