Si su cartera de inversiones ha estado más feliz que un perro con dos colas, prepárese para ponerle el cono de la vergüenza. Una estratega de JPMorgan ha sacado su bola de cristal financiera para advertir que se avecina un mes de septiembre complicado. Según ella, los mercados podrían sufrir una corrección de entre el 5% y el 8%, pero no se asusten, que es un «retroceso saludable». Es el equivalente a que tu médico te diga que una pequeña fractura de cráneo es buena para fortalecer los huesos.
El villano de esta película son los rendimientos de los bonos, que están subiendo más rápido que el colesterol de un crítico gastronómico. El temor a que la inflación se dispare ha llevado el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años al 4,8%, acercándose peligrosamente al nivel del 5%. Ese número es el coco de los inversores, un umbral psicológico que, si se cruza, podría provocar una estampida en la bolsa más desordenada que la sección de ofertas de un supermercado.
La analista de JPMorgan, Grace Peters, también señaló que el crecimiento de los beneficios del segundo trimestre, con un 30% en Estados Unidos y un 15% en Europa, fue una fiesta espectacular que ya se acabó. Esas cifras son tan insostenibles como una dieta a base de pastel de chocolate. Sin embargo, argumentó que al menos la bonanza no vino solo del sector tecnológico, sino que otras áreas como la financiera y la industrial también se unieron al jolgorio, creando un mercado «más saludable», aunque ahora esté a punto de cogerse un resfriado.
La gran teoría de JPMorgan, que suena a título de película de superhéroes, es que un «superciclo de inversión» traerá un «superciclo de beneficios». Por ahora, su región favorita para invertir sigue siendo Estados Unidos, mientras que Europa se queda en esa zona gris de «ni fu ni fa». Entre sus sectores predilectos, además de los sospechosos habituales como el financiero y el tecnológico, se cuelan los servicios públicos. Sí, las empresas que te mandan la factura de la luz, ahora son la nueva sensación.
Al final, la verdadera prueba de fuego, según Peters, será demostrar que toda la millonada que se está invirtiendo en inteligencia artificial realmente sirve para algo más que para generar imágenes de gatos con sombreros de vaquero. Las empresas tendrán que probar que esta tecnología genera beneficios reales. De lo contrario, la burbuja de la IA podría explotar y salpicar a todos, convirtiendo ese «retroceso saludable» en una contusión de pronóstico reservado.





