El Tesoro de EE.UU. intenta domar al mercado de bonos y termina con un moretón en el orgullo

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El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, intentó hacer un truco de magia para calmar a los mercados, pero parece que el mercado no solo no se impresionó, sino que le devolvió la chistera abollada. Hace unas semanas, Bessent anunció un plan de recompra de bonos para bajar los costos de financiación, y por un momento, pareció que funcionaba. Sin embargo, el efecto duró menos que un propósito de Año Nuevo, y ahora el rendimiento de los bonos a 30 años ha vuelto a escalar hasta el 5,27%, exactamente el mismo nivel en el que estaba antes del supuesto milagro.

El mensaje del mercado de bonos más grande del mundo fue tan sutil como un portazo en la cara: se va a necesitar mucho más que un ajuste improvisado para tranquilizar a unos inversores que ven cómo el gobierno gasta sin control mientras la inflación se niega a morir. Un analista del Bank of America lo dijo de forma elegante: los inversores exigen «la máxima compensación» para prestar su dinero a largo plazo. Es el eufemismo financiero para decir «a ver, afloja la lana o no hay trato».

Y no crean que este drama es exclusivo de los estadounidenses. La fiebre de los rendimientos altos es una pandemia global. Los bonos alemanes alcanzaron su nivel más alto desde 2011, los del Reino Unido no se veían tan caros desde 1998 y hasta en Australia se registraron récords. Es como si todos los gobiernos del mundo hubieran salido de fiesta con la tarjeta de crédito y ahora los bancos les están llamando para recordarles que la cuenta no se paga sola.

El propio Bessent, en un ataque de sinceridad, admitió que no puede cambiar la tasa de interés de equilibrio, pero que lo que sí puede hacer es «ralentizar las cosas» para que no haya «un resultado negativo grave». Es el equivalente a decirle al capitán del Titanic que no puede evitar el iceberg, pero que intentará chocar contra él un poquito más despacio. Sus medidas son un intento de ponerle un curita a una herida de bala.

Para rematar la faena, un experto en inversiones comparó la estrategia del Tesoro con un farol en una partida de póquer. «La única forma de que un farol funcione es que nadie en la mesa sepa que estás faroleando», declaró. En este caso, parece que el gobierno de EE.UU. se sentó a la mesa con una mano pésima, apostó todo lo que tenía y el mercado, sin siquiera pestañear, le mostró un póquer de ases. Como dirían en el barrio, el tiro les salió por la culata.

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