El nuevo jefe de la Reserva Federal, Kevin Warsh, apareció este lunes ante los ministros de Economía del G20 con cara de quien acaba de descubrir que el colchón familiar ya no sirve para esconder billetes. Según él, el planeta vive un auge de inversión tan desatado que el viejo exceso de ahorro se fue de vacaciones sin avisar y dejó el capital dando vueltas como cuñado en fiesta de quinceañera buscando dónde meterse.
Warsh, que estrenaba traje de primera reunión internacional desde que asumió en mayo, confesó que le muere la curiosidad por saber cómo piensan crecer los demás. Recordó que en las cumbres de antes, incluso cuando la crisis de 2008 todavía olía a humo de quemado, todo el mundo lloriqueaba por “un exceso de ahorro global” que tenía la plata dormida más que adolescente en lunes por la mañana. Ahora la película se dio vuelta: el dinero salió del refri, se puso zapatillas y corre a invertirse como si le hubieran dicho que se acaba el mundo el viernes.
En resumen, señores del G20, dejen de contar monedas debajo del sofá. El capital ya no está de huelga; está de juerga. Y Warsh solo quiere la lista de quién trae el próximo botellón de crecimiento para no llegar tarde a la resaca.





