Ahí tienen al depuesto Nicolás Maduro mandando saludos desde la prisión de Brooklyn como quien envía postales de vacaciones forzadas. Este domingo soltó en sus redes un par de fotos con cara de “aquí sigo, no me han doblado” y el mensaje de que está firme, con el corazón lleno del cariño de la gente noble y de todos los nietos que le quieran echar porras a distancia.
Lo capturaron junto a su esposa Cilia Flores en Caracas en esa opereta militar estadounidense de enero y ahora ambos comparten celda acusados de tráfico de drogas y posesión de armas, cargos que niegan con la misma energía con la que uno niega haberse comido el último arepa de la olla. En las imágenes el hombre aparece en chándal gris haciendo la seña de la paz con las manos, y se le nota una pérdida de peso de esas que logran los regímenes carcelarios mejor que cualquier dietista de reality. Las fotos, aunque salieron ahora, son del 25 de junio, un día después de aquel doble sismo que dejó más de seis mil quinientos muertos y destrozos en el norte de Venezuela. Timing de película de terror: mientras la tierra temblaba afuera, él posaba adentro.
“Envío estas fotos como un pequeño regalo… seguiremos fuertes, serenos y confiados: Dios está con nosotros. Dios proveerá. Venezuela renacerá”, remató con tono de sermón de domingo. El mensaje cae justo dos días después de que su sucesora, la presidenta interina Delcy Rodríguez, anunciara un “histórico” acuerdo petrolero para que Estados Unidos opere yacimientos venezolanos. Ella gobierna bajo la mirada intensa de Washington y dice haber elegido la diplomacia porque quiere convertir al país en potencia energética. O sea, mientras el jefe anterior manda fotos de la celda, la que quedó al mando le abre la llave del petróleo al mismo país que lo tiene encerrado. Ironía de las que duelen hasta en el carnet de identidad.
Adentro, Maduro no ve periódicos ni internet, pero le dejan hablar por teléfono con familia y abogados unos trescientos minutos al mes, con tope de quince por llamada. Su hijo Nicolás Maduro Guerra asegura que el viejo está en buena forma y se la pasa estudiando la Biblia, que es una manera elegante de decir que el tiempo en cana se le va entre versículos y recuerdos de cuando mandaba. El juicio en un tribunal federal de Nueva York arrancará el 1 de junio de 2027, o sea que hay cola para la función principal.
Al final, el chándal gris, la seña de la paz y el discurso de firmeza conviven con la dieta carcelaria, los minutos contados de teléfono y un acuerdo petrolero que se cocina afuera sin él. Venezuela sigue en su telenovela de siempre: un capítulo en la celda, otro en los yacimientos y el público esperando a ver si el próximo temblor es de tierra o de política. Dios proveerá, dice el hombre. Mientras tanto, las fotos ya circulan y el chándal se roba la escena.





