Una jueza le frena en seco el plan a Trump para jugar con las boletas de correo

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Justo cuando pensábamos que la política no podía volverse más un circo, una jueza federal ha decidido aguarle la fiesta al Servicio Postal de Estados Unidos y, de paso, al mismísimo Donald Trump. Resulta que tenían un plan maestro para ponerle más trabas al voto por correo, pero la jueza Indira Talwani, desde Boston, les ha puesto un alto temporal. Básicamente, les ha dicho que guarden sus nuevas y brillantes reglas en un cajón mientras ella decide si son una genialidad o una soberana tontería inconstitucional.

La jueza consideró que los estados, quienes se quejaban amargamente de este nuevo dolor de cabeza, probablemente tenían razón. Cumplir con las nuevas directrices antes de las elecciones de mitad de legislatura de 2026 sería «prácticamente imposible». Es como si tu profesor cambiara las reglas del examen final la noche anterior y además te pidiera que lo entregaras escrito en arameo antiguo. Talwani remató diciendo que no había ni una sola prueba de fraude electoral, por lo que el plan del Servicio Postal parecía un intento de arreglar un problema que no existe.

Las normas recién salidas del horno le daban al Servicio Postal el superpoder de devolver las boletas si no les gustaba el diseño del sobre o si la información del votante no estaba en un portal federal. Imaginen el caos: miles de votos rebotados porque a un burócrata no le pareció lo suficientemente estético el sobre. Los estados, que llevan décadas organizando esto, se encontraron con que de la noche a la mañana tenían que rediseñar todo su sistema para satisfacer una ocurrencia de último minuto.

Esto, por supuesto, ha dejado a los funcionarios electorales locales en un limbo, sudando la gota gorda. Un director electoral de Carolina del Norte confesó que tenía mil boletas listas para enviar, pero que estaba esperando a ver si el pleito legal se resolvía antes de lamer los sobres. Otro funcionario de Georgia fue más directo, calificando de «locura» el intento de implementar estos cambios en solo 70 días, una opinión que probablemente comparten todos los que no viven en la Casa Blanca.

Mientras tanto, el Departamento de Justicia defendió el plan diciendo que los estados estaban montando un drama con «hipótesis apocalípticas», porque al parecer, el riesgo de que miles de ciudadanos no puedan votar es solo un pequeño detalle. Así que, mientras los abogados discuten, los encargados de las elecciones juegan a la estatua, esperando a ver quién gana en este ridículo pulso entre la lógica y un capricho presidencial.

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