Kenia Lechuga remó hasta el oro mundial y completó su colección de metales

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Kenia Lechuga llegó a Ámsterdam el 27 de agosto con una sola misión: dejar de ser la eterna medallista de consolación en la prueba LW1x del Campeonato Mundial de Remo. La remera de Nuevo León cruzó la meta en 7:29.16 minutos y por fin subió al escalón más alto, superando a la rusa Mariya Zhovner y a la neerlandesa Femke van de Vliet, que se llevaron plata y bronce sin derecho a reclamo.

La hazaña resulta tan improbable como encontrar un estacionamiento gratis en el centro de Monterrey un viernes por la tarde. Después de la plata en 2023 y el bronce en 2025, Lechuga decidió que la tercera vez sería la vencida y convirtió su bote en un misil de fibra de carbono que dejó a Europa remando en círculos. La constancia de la mexicana ya parecía una broma pesada para sus rivales, pero esta vez el chiste se les devolvió con intereses.

Su victoria añade una página absurda al deporte mexicano: una atleta que durante años persiguió un título mundial como quien busca el último boleto del metro en hora pico, por fin lo consiguió. El oro no solo completa su colección, sino que demuestra que el remo mexicano ya no pide permiso para ganar en aguas que antes parecían propiedad exclusiva de otros continentes.

Ahora Lechuga puede presumir que el único metal que le faltaba ya cuelga en su vitrina, mientras el resto del planeta remero se pregunta cómo una jalisciense de adopción neoleonesa logró lo que antes parecía ciencia ficción acuática.

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