El gigante asiático está pasando por una crisis de identidad más extraña que un político honesto. La economía china se ha desacelerado de tal manera que parece que va en reversa, pero con una excepción delirante: el sector tecnológico, que vive en una fiesta perpetua de inteligencia artificial como si el resto del país no existiera. Es como un paciente con un diagnóstico rarísimo: un brazo de atleta olímpico pegado a un cuerpo que necesita soporte vital.
Los números generales son para llorar en un rincón. La producción industrial creció un mísero 4,5%, las ventas minoristas avanzaron un increíble 0,6%, que no alcanza ni para el chicle, y el desempleo subió al 5,2%. Pero la joya de la corona del desastre es la inversión inmobiliaria, que se ha hundido un 19,2%, una caída más dramática que la del villano de una telenovela. Como dicen los economistas finos, el impulso se está «desmoronando».
Pero mientras la mitad del país come arroz solo, el sector tecnológico celebra con champaña. La producción de equipos electrónicos se disparó más del 19% y la de robots industriales creció por encima del 30%. Es una economía esquizofrénica, donde en una fábrica están despidiendo gente y en la de al lado, los robots están haciendo una coreografía. El país se debate entre la era de las cavernas y un episodio de una serie de ciencia ficción.
El gobierno, en un alarde de transparencia, retrasó cinco horas la publicación de estas cifras de espanto, ¿la razón? Tenían que celebrar el centenario de un expresidente. Ante el desastre, sus líderes han prometido tomar medidas “pragmáticas y efectivas”, una frase que suena más a «ya veremos qué se nos ocurre» que a un plan de rescate serio y con sentido de urgencia.
Así que el panorama es este: China se está convirtiendo en una superpotencia de la inteligencia artificial, pero la gente de a pie no tiene ni para comprarse un teléfono nuevo para disfrutarla. El país se divide peligrosamente en dos: los que están fabricando los robots y los que, a este paso, serán reemplazados por ellos. La economía del futuro ha llegado, pero parece que se olvidó de invitar a casi todos.




