El crecimiento de las exportaciones mexicanas sigue atado al desempeño de Estados Unidos como si fueran siameses económicos. Ruiz espera que la economía del vecino registre un avance de uno punto ocho por ciento, suficiente para seguir jalando mercancía mexicana. Esa dependencia parece más un matrimonio por conveniencia que una relación sana entre países.
Las exportaciones se concentran en maquinaria y equipo de cómputo, cadenas con poco valor agregado de la manufactura local. Ese detalle limita el impacto real en el bolsillo de la gente común. Mientras tanto, el pronóstico para este año subió a uno punto tres por ciento, una corrección al alza desde el uno punto uno anterior.
Felipe Juncal, economista para América Latina de Citi, sugirió que otros analistas del mercado podrían copiar esta revisión optimista. El segundo trimestre de este año mostró un efecto positivo gracias al repunte en la construcción durante abril. Sin embargo, los datos adelantados del tercer trimestre, como la confianza del consumidor y el desempleo, indican que no hay aceleración sostenida a la vista.
Al final, los economistas parecen adivinos que condicionan sus pronósticos a plazos eternos y obras invisibles. Si el T-MEC se estira tanto, quizá alcance para que los nietos de los actuales funcionarios celebren el crecimiento. Mientras tanto, la economía mexicana sigue bailando al ritmo que le marquen desde el norte.




