El Departamento de Estado de Estados Unidos se ha puesto el delantal de ama de casa histérica en pleno día de primavera y ha tirado a la basura más de 175 mil visados de extranjeros bajo el gobierno de Donald Trump. Es como si hubieran decidido que la fiesta del patio trasero se descontroló y ahora hay que echar a patadas a todo el que se comió el último taco sin permiso.
Según el comunicado oficial, las revocaciones apuntan a tipos que violaron las reglas del juego, cometieron fechorías, incitaron a la bronca contra estadounidenses, estafaron a la gente local, abusaron del sistema o pusieron en peligro la seguridad del cotarro nacional. La mayoría cayó después de redadas policiales por agresiones, manejar borracho como quien vuelve de una boda ranchera, robos y líos con drogas. Entre los casos de muestra hay uno acusado de violación y agresión, otro de secuestro y trata de personas, y un tercero que acumula una docena de cargos por posesión de material prohibido con menores. Menuda lista de invitados para la lista negra del tío Sam.
Una embajada estadounidense en el norte de África les bajó el pulgar a más de cien padres que llegaron de turistas de parto, esos que aparecen supuestamente de vacaciones pero en realidad buscan que el bebé salga con pasaporte americano como si fuera un imán de nevera de recuerdo. También les quitaron el visado a varios que celebraron el asesinato del activista conservador Charlie Kirk, incluido uno que soltó que se murió demasiado tarde. Como si estuvieran vitoreando un autogol en la final del mundial.
En enero ya habían batido el récord con más de 100 mil cancelaciones y ahora duplican la apuesta sin despeinarse. Todo esto forma parte de la gran campaña de represión migratoria que Trump desató al regresar a la Casa Blanca, con deportaciones a granel incluso de algunos que tenían papeles en regla. Encima han puesto el filtro de redes sociales más estricto que suegra revisando el historial del novio y han ampliado los criterios de selección hasta el absurdo. En resumen, si planeabas cruzar la frontera con cara de no haber roto un plato, mejor repasa tu vida porque el Departamento de Estado está de malas y no perdona ni al que se pasó un alto.




