La economía estadounidense decidió tomarse unas vacaciones no pagadas y perdió 23 mil puestos de trabajo en julio, un golpe directo a las fanfarronadas de Donald Trump sobre una supuesta reactivación que ya parece más inventada que un chiste de político en campaña. La tasa de desempleo bajó un poquito hasta 4.1 por ciento, pero solo porque menos gente busca trabajo, como si la población decidiera jubilarse antes de tiempo o simplemente rendirse ante la vida.
La mayor parte de la caída vino del sector educativo de los gobiernos locales, donde miles de maestros desaparecen de las nóminas cada verano como si fueran vacaciones eternas. Aun así, los analistas esperaban un aumento de 83 mil empleos y se llevaron la misma sorpresa que cuando el gas sube sin aviso. La oficina de estadísticas laborales también corrigió a la baja 103 mil puestos de los meses anteriores, confirmando que el mercado laboral ya había empezado a cojear desde marzo.
Trump insiste en que todo va de maravilla mientras los republicanos enfrentan las elecciones de mitad de legislatura con la economía como tema principal para los demócratas. La Reserva Federal, por su parte, se queda en un dilema más incómodo que una suegra en la mesa de la cena, porque un mercado laboral débil complica cualquier subida de tasas. Kevin Hassett, el asesor de la Casa Blanca, minimizó los números diciendo que la encuesta es muy ruidosa, como si el problema fuera el micrófono y no el desempleo real.
Al final, la participación laboral cayó a su nivel más bajo desde la pandemia y la economía estadounidense parece avanzar más lento que un camión de carga en hora pico, mientras Trump sigue vendiendo la idea de que todo está bajo control.




