Donald Trump sigue con su cruzada para destituir a Lisa Cook de la Reserva Federal por supuestas declaraciones falsas en hipotecas, según una carta de la Casa Blanca que le da 21 días para defenderse de acusaciones sin pruebas. La gobernadora ya negó todo y el asunto parece más una vendetta personal que un proceso serio, en el primer intento de este tipo en 111 años de historia del banco central.
El Tribunal Supremo ya le había frenado en junio, recordándole que no puede remover gobernadores de la Fed por cualquier capricho y que debe respetar las garantías procesales. Aun así, Trump insiste en investigar también al anterior presidente Jerome Powell, como si la independencia de la institución fuera un obstáculo molesto que hay que quitar de en medio.
Los analistas ven en esto un ataque directo a la autonomía de la Fed en plena discusión sobre tasas de interés, mientras la Casa Blanca trata el tema como si fuera un despido laboral cualquiera en una oficina ruidosa. Cook tiene que responder por escrito, pero el ambiente ya huele a telenovela política donde el presidente juega a ser el jefe que decide quién se queda y quién sale por la puerta trasera.
Al final, el intento de Trump choca contra las reglas del juego y deja a la Reserva Federal en medio de un circo más grande que una campaña electoral en horario estelar, con la independencia institucional como la que más riesgo corre de terminar en la calle.




