El presidente ucraniano Volodímir Zelenski salió el sábado con un anuncio digno de esos familiares que invitan a “unos primos” y de repente te aparecen tres autobuses llenos de gente con maletas. Según él, Rusia se prepara para recibir entre 30.000 y 50.000 soldados norcoreanos. Sí, subió la cifra respecto a los 30.000 que había calculado en julio, como quien revisa la cuenta del supermercado y descubre que el jamón ibérico era en realidad lomo embuchado con inflación.
Zelenski soltó la bomba en su cuenta de X sin dar demasiadas explicaciones sobre de dónde sacó el dato, al más puro estilo de tu cuñado cuando jura que “lo escuchó de buena fuente” en la peluquería. También contó que en territorio ucraniano ya han aparecido algunos misiles norcoreanos, aunque se negó a decir dónde exactamente. Básicamente: “Los encontramos, confíen en mí, pero no pregunten bajo qué sofá”.
El ucraniano no se quedó ahí. Aprovechó para lanzarle un guiño a Corea del Sur pidiendo ayuda con la defensa aérea, que es justo donde Kiev anda más flojo. “Nos encantaría que nos echaran una mano en lo que nos falta”, dijo, y de paso ofreció trabajar en un acuerdo de drones y lo que se tercie. Traducción libre: “Ustedes pongan los paraguas antimisiles y nosotros ponemos la sonrisa y los diplomáticos que ya están llamando a Seúl como quien insiste para que le acepten la solicitud de amistad”.
Mientras tanto, el telón de fondo es ese tratado de “somos colegas para siempre” que firmaron Vladímir Putin y Kim en junio de 2024 en Pionyang, con cláusula de ayuda mutua incluida por si a alguien le pisan el patio. Corea del Norte presenta el envío de tropas como simple solidaridad de tratado, aunque ya se estima que mandaron unos 14.000 soldados a la región rusa de Kursk el año pasado para ayudar a expulsar a las fuerzas ucranianas. Vamos, que no es la primera vez que aparecen con el uniforme planchado y ganas de sumar experiencia en guerra moderna, licencias rusas y todo el catálogo de juguetitos militares.
La embajada norcoreana en Rusia y el Ministerio de Exteriores surcoreano, por supuesto, hicieron el clásico silencio administrativo digno de quien finge que se le cayó el teléfono al váter. Y así quedamos: unos contando soldados como cromos, otros pidiendo escudos antiaéreos y el resto del planeta mirando el espectáculo como quien ve una telenovela donde los extras de repente tienen contratos de larga duración.




