Resulta que China se despertó con el humor de suegra enojada y soltó que Estados Unidos es “arrogante” e “hipócrita” por ponerle trabas a Huawei en la Argentina. Como si el tío Sam se hubiera metido de invitado pesado a la asado y hubiera escondido la carne.
Según los muchachos de Pekín, Washington anda entorpeciendo las operaciones de la empresa china de celulares y redes como si fuera el portero de un boliche selecto que no deja pasar a nadie con zapatillas. “Nos acusan de espías pero ellos tienen más orejas que un campo de maíz”, vendría a ser el espíritu del reclamo, dicho con esa diplomacia fina que parece insulto de barrio.
La cosa es simple y absurda a la vez: Huawei quiere vender sus cositas en la Argentina, poner antenas, firmar contratos y hacer su agosto, pero EE.UU. aparece con cara de “esto no se toca” como cuando tu ex te dice que no podés hablar con nadie en la fiesta. China, ofendida hasta el moño, responde con el clásico “mirá quién habla”, ese argumento universal que usan desde los políticos hasta el cuñado en la mesa de Navidad.
Al final del día, mientras las dos potencias se tiran con todo el manual del patio de escuela, la Argentina se queda en el medio como el amigo que solo quería un celular barato y terminó escuchando una pelea de gigantes. Y Huawei, pobre, esperando que alguien le baje el dedo para poder laburar sin que le escondan el mate.




