Trump anuncia una lluvia de dólares para minar sin pedir permiso a China

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El eterno showman de la política sacó la chequera gigante y soltó que el Gobierno de Estados Unidos va a tirar tres mil millones de dólares en minerales críticos y baterías. Todo para que el país deje de parecer el cuñado que siempre llega a la fiesta con las manos vacías y termina pidiendo prestadas hasta las servilletas al vecino chino.

Frente a más de doscientos ejecutivos mineros, profesores, inversionistas y políticos que fingían interesarse más por las rocas que por el café gratis, Trump soltó la frase de rigor: vamos a recuperar el trono de superpotencia mundial de los minerales. Según él, la industria llevaba años tratada como el plato de lentejas que nadie quiere en la mesa de Washington. Y de repente, ¡zas!, llueven préstamos como confeti en boda de pueblo.

La Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Defensa abrió la mano con mil cuatrocientos millones condicionales para Sila Nanotechnologies, la gente que fabrica piececitas para baterías de iones de litio. Otros cuatrocientos millones salieron volando hacia Sunrise Energy Metals, especialistas en escandio, y ciento cincuenta más pararon en Niron Magnetics, los de los imanes que seguramente pegan hasta las excusas. El Banco de Exportación e Importación se apuntó al carnavál con cincuenta y ocho millones para un trío de empresas cuyo nombre suena a grupo de cumbia que nunca despegó.

Trump remató diciendo que estos minerales son la abuela secreta que sostiene la fuerza del país: sirven lo mismo para armar misiles finos que para que los coches no se queden tirados en medio del embotellamiento. Quiere que se extraigan, se refinen y se fabriquen en casa, como el guiso de la abuela que no admite versiones de supermercado.

Claro que detrás del espectáculo asoma la necesidad de rellenar el almacén de armas que se vació más rápido que la nevera en fiesta de adolescentes durante el rifirrafe con Irán. Los misiles guiados y los interceptores se han gastado con ganas, y aunque algunos avisan de que reponerlos puede llevar años, la Casa Blanca insiste en que no hay drama. Tierras raras, tungsteno, germanio y escandio son ahora los ingredientes mágicos para fabricar de todo: aviones de combate, tanques y sensores que te localizan hasta cuando vas al baño. En resumen, Trump quiere que Estados Unidos deje de depender del menú chino y se convierta en el rey absoluto del pico y la pala, aunque haya que cavar debajo del Despacho Oval.

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