El presidente ucraniano Volodimir Zelenski ha decidido que Rustem Umerov, el exministro de Defensa que ya parecía estar en todas partes, ahora será el nuevo jefe de los servicios de Inteligencia Exterior. El motivo oficial es que así podrá ocuparse al mismo tiempo de la diplomacia, la defensa, las negociaciones con Estados Unidos y el resto de socios, y encima seguir gestionando los acuerdos de drones con Oriente Próximo. Vamos, que el hombre pasa de ministro a superespía multitarea sin ni siquiera cambiar de traje.
Según Zelenski, Umerov es de su máxima confianza y lleva tiempo metido hasta el cuello en las conversaciones de paz con Rusia, donde Estados Unidos hace de intermediario. Sustituye a Oleh Luhovski, que estaba de interino y que ahora podrá volver a su vida normal sin tener que espiar a nadie por WhatsApp. Mientras tanto, corre el rumor de que Igor Klimenko, exministro del Interior, se quedará con la Secretaría del Consejo Nacional de Defensa, como si estuvieran repartiendo cargos en una partida de mus pero con misiles de fondo.
La cosa tiene su gracia: Umerov tendrá que coordinar espías, drones, negociaciones y reuniones diplomáticas sin que se le funda el cerebro. Imagínate al tipo intentando convencer a un socio de Oriente Próximo de que compre más drones mientras por otro teléfono negocia el alto el fuego y por radio da órdenes a agentes en el extranjero. Todo al mismo tiempo, como un malabarista que además tiene que esquivar bombas.
Al final, Zelenski parece haber encontrado al único ucraniano dispuesto a hacer el trabajo de cinco personas sin quejarse demasiado. Los espías extranjeros ya pueden ir preparándose para informes más largos y reuniones más raras, porque el nuevo jefe llega con la agenda tan llena que hasta los drones tendrán que pedir cita. Y mientras tanto, el interino se va a casa preguntándose si alguna vez volverá a ser algo más que un suplente en esta guerra de cargos y despachos.




