Zelenski despide a su embajadora en Washington por “circunstancias personales” (o sea, porque ya no aguantaba ni un segundo más)

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Volodimir Zelenski, el presidente ucraniano que últimamente parece más mago que político, decidió el lunes mandar a paseo a Olga Stefanishina, su embajadora en Estados Unidos. El cargo es de esos que dan vértigo: básicamente consiste en pedir misiles Patriot como quien pide pan en la panadería, mientras Washington decide si sigue mandando armas o se pone a ver Netflix.

Stefanishina, que antes fue ministra de Justicia y vice primera ministra, no esperó a que la echaran del todo. Ella misma anunció en Facebook que se iba por “circunstancias personales”. Traducción adulta: “Me voy antes de que me investiguen por corrupción o de que Trump me llame por Zoom para recordarme que ya no es 2022”. Según ella, este puesto fue “el mayor honor” de su vida. Claro, como cuando alguien dice que su ex fue “la mejor persona que he conocido” justo antes de borrarlo del móvil.

Desde que Trump volvió a la Casa Blanca, las relaciones entre ambos presidentes parecen las de dos cuñados que se cruzan en la comida de Navidad: tensión, sonrisas falsas y algún que otro dardo por debajo de la mesa. Stefanishina, nombrada embajadora en julio del año pasado, se va justo cuando Kiev necesita más defensas antimisiles que un portero de fútbol sala.

Zelenski todavía no ha dicho quién ocupará el puesto. Mientras tanto, la investigación anticorrupción que ronda a la exembajadora sigue su curso, aunque de momento solo es “bajo investigación”, que en política ucraniana suena a “tómate un café y no mires atrás”.

Resumen en clave MAD: una embajadora se marcha “por motivos personales”, un presidente cambia de gobierno como quien cambia de calzoncillos y Estados Unidos sigue siendo el cajero automático más impredecible del planeta. Todo normal.

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