La NASA pagó a Roscosmos más de 3.600 millones de dólares entre 2006 y 2024 por el transporte de astronautas estadounidenses y de países socios hacia la Estación Espacial Internacional. De acuerdo con un informe de la propia agencia espacial, Washington adquirió 68 plazas en las naves rusas Soyuz durante ese periodo.
El documento destaca que la dependencia de Estados Unidos hacia Rusia se volvió total después de la retirada de los transbordadores espaciales en 2011. Desde entonces, y hasta la entrada en operación de la Crew Dragon de SpaceX, la NASA no contaba con una nave propia para enviar tripulaciones al laboratorio orbital.
Durante esos años, las Soyuz se convirtieron en el único medio disponible para garantizar la presencia de astronautas estadounidenses en la EEI. La situación evidenció una paradoja geopolítica: mientras Washington endurecía su postura frente a Moscú en otros frentes, su programa espacial seguía dependiendo de la tecnología rusa para mantener operaciones tripuladas en órbita.
La llegada de SpaceX redujo esa dependencia, pero el informe muestra el peso que tuvo Rusia en la continuidad del programa espacial estadounidense. Durante casi dos décadas, Roscosmos fue pieza clave para que la NASA pudiera sostener su presencia humana en la Estación Espacial Internacional.



