La Interpol ya tiene en su lista de búsqueda internacional a Erika María N., una mujer de 63 años acusada de asesinar a sangre fría a su propia nuera, la exreina de belleza Carolina Flores Gómez, de 27 años, en uno de los barrios más exclusivos de la Ciudad de México.
Y es que la noche del 15 de abril, dentro de un departamento en Polanco, Erika María le disparó en múltiples ocasiones a Carolina mientras su esposo Alejandro y su hijo de ocho meses se encontraban presentes en el lugar. Una cámara para bebés grabó todo. El video, filtrado a los medios, registra el momento exacto del crimen y muestra algo que ha partido en dos la opinión pública: el esposo, al ver a su madre con el arma, únicamente preguntó «¿Qué hiciste, loca?» y esperó casi 24 horas antes de levantar la denuncia.
Porque la Fiscalía General de la República ya tenía lista una orden de aprehensión por feminicidio, pero Erika María huyó esa misma noche y no ha sido localizada. Ante la fuga, la FGR activó el mecanismo más poderoso de búsqueda internacional disponible: la ficha roja de Interpol, que obliga a los cuerpos policiales de 196 países a colaborar en su captura.
Y lo que el caso deja al descubierto es una cadena de complicidades que va más allá del crimen mismo: una relación con la suegra que se había deteriorado gravemente desde diciembre, un embarazo que agravó el conflicto y un esposo que estuvo ahí, lo vio todo y eligió el silencio. México exige saber si ese silencio también tiene un nombre en el Código Penal.


