El avance hacia un sistema de salud universal en México enfrenta un obstáculo estructural clave: la insuficiencia del gasto público en salud. De acuerdo con especialistas citados en un análisis reciente, el país no destina los recursos necesarios para garantizar una cobertura efectiva y de calidad para toda la población, lo que limita el alcance del llamado Servicio Universal de Salud.
Actualmente, el gasto en salud en México se ubica en alrededor de 2.6% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra que se mantiene por debajo del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para sistemas con cobertura amplia. Incluso para lograr una cobertura universal básica, estimaciones del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) indican que sería necesario elevar la inversión a cerca de 4.6% del PIB.
Especialistas señalan que esta brecha presupuestaria se traduce en limitaciones para la atención médica, el acceso a medicamentos y la capacidad hospitalaria. Aunque se han impulsado reformas para integrar instituciones como el IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar en un esquema más coordinado, el reto del financiamiento sigue siendo central para su viabilidad.
En este contexto, analistas advierten que no basta con la integración administrativa del sistema de salud, sino que se requiere una expansión sostenida del presupuesto público. De lo contrario, el objetivo de garantizar atención médica universal y oportuna podría quedarse corto frente a las necesidades reales de la población mexicana.


