Iván ‘Bam Bam’ Zamorano, leyenda con un cabezazo más potente que discurso de político, desempolvó su lupa de cazatalentos. Durante la reciente Fecha FIFA en Estados Unidos, el chileno apuntó su reflector cósmico hacia Gilberto Mora, un chamaco de 17 años, declarándolo la octava maravilla del futbol mexicano.
En una charla para los micrófonos de Claro Sports, justo antes del amistoso entre México y Chile, el exdelantero de gigantes como Real Madrid e Inter de Milán básicamente dijo que “Morita” ya no es un proyecto de laboratorio. Según Bam Bam, el chico ya no es una promesa tipo «algún día será bueno», sino una realidad tan tangible como la cruda del lunes. “Es indudable que Gilberto ya no es una sorpresa, es una realidad del futbol mexicano”, sentenció, mientras probablemente los scouts europeos se atragantaban con sus croissants carísimos. Las palabras del histórico goleador, que también fue campeón con el América en 2002, tienen más peso que un elefante en patines.
Lo que le voló la peluca al chileno no fueron solo sus virtudes técnicas, sino su pasmosa madurez. A sus 17 años, Mora afronta la presión con la calma de un monje tibetano en hora pico, tomando decisiones que a otros les tomaría tres comités y una consulta con los astros. Esa cabeza fría, según Zamorano, es el ingrediente secreto que separa a los futbolistas destinados a marcar época de los que acaban anunciando shampoos para la caspa.
Así que ahí lo tienen. Un adolescente de Tijuana ahora carga con la bendición de un ícono, lo que equivale a empezar el videojuego en modo fácil pero con la dificultad de las expectativas en nivel «infierno». ¡Buena suerte, chico! La necesitarás cuando los visores empiecen a salir hasta de las coladeras.



