En una heroica demostración de que las piernas humanas pueden desafiar la lógica y la fatiga, Yareli Acevedo se apoderó del velódromo de Chongming. La campeona panamericana lideró la carga azteca en el Campeonato Mundial de Ciclismo de Pista, demostrando que dar vueltas en círculo es un arte muy bien pagado.
La proeza ocurrió este viernes 16 de octubre en Shanghái, durante el ómnium femenil, una especie de decatlón para gente a la que le gusta el vértigo y usar cascos que parecen salidos de una película de ciencia ficción. Acevedo, cual cometa tricolor, acumuló puntos como si fueran millas de viajero frecuente, asegurando una muy digna doceava posición global. Este evento, orquestado por la Unión Ciclista Internacional, es básicamente una excusa para que los mejores del mundo vean quién se marea último, pero con medallas de por medio. La mexicana probó que su brújula interna está perfectamente calibrada para el éxito.
Mientras tanto, en la rama varonil, el sudcaliforniano Sebastián Ruiz dejó una estela de patriotismo al terminar en los puestos 28 de la contrarreloj y 29 de la persecución. Su velocidad era tal que los jueces tuvieron que revisar el video en cámara lenta para confirmar que era un humano y no un cohete con patrocinadores. Por su parte, Fernando Nava, en un acto de rebelión artística, no completó la carrera por puntos, probablemente porque decidió que contar era para los matemáticos, no para los atletas de élite.
La fiesta del pedaleo no ha terminado. Andrea Robles y Yuli Verdugo ya afilan sus cadenas para la contrarreloj, mientras Ricardo Peña le da un último pulido a su bicicleta para el ómnium. Seguirán girando a velocidades absurdas, recordándonos que el equilibrio es clave, tanto en la pista como al intentar caminar después.




