Emmanuel Navarrete llegó a San Antonio con la ilusión de unir tres cinturones y terminó recibiendo una clase magistral de ritmo y distancia. El mexicano reconoció que O’Shaquie Foster impuso un estilo que lo dejó bailando al compás equivocado durante toda la pelea. Sin protestas ni excusas, el Vaquero aceptó la derrota por decisión unánime y centró su análisis en la diferencia táctica que marcó el combate.
Foster actuó como si el ring fuera su pista de baile personal, moviéndose con velocidad que convertía los puñetazos del mexicano en intentos de atrapar aire. Navarrete apostó por combinaciones fuertes y uppercuts que buscaban el mentón contrario, pero el estadounidense esquivaba con agilidad y respondía con golpes precisos que alteraban el equilibrio del mexiquense. En varios asaltos el Vaquero logró llevar a su rival a las cuerdas, sin embargo la efectividad de sus ataques se diluía ante la movilidad constante de Foster. Durante los últimos rounds Navarrete aumentó la presión, lanzó más golpes y buscó descontar puntos, pero la ventaja ya estaba construida con base en velocidad y precisión. Un par de impactos en el mentón lo obligaron a tocar la lona con una rodilla y provocaron dos conteos de protección, aunque el mexicano se levantó cada vez con rapidez.
Al final Navarrete felicitó al nuevo campeón unificado y agradeció el apoyo de la fanaticada presente. El boxeo, dijo, es cuestión de estilos, y esa noche el estilo de Foster resultó superior. La derrota deja al Vaquero con la tarea de ajustar su estrategia para futuros enfrentamientos, mientras Foster celebra tres títulos en una sola noche.




